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GENERACIONES CARROZAS VERSUS GENERACIONES MODERNAS

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10 Oct GENERACIONES CARROZAS VERSUS GENERACIONES MODERNAS

Mis abuelos gustaban de los ritmos folclóricos del pueblo. Su vida ardua y fatigosa en las labores agrícolas no les permitía gozar de la música como elemento de ocio cotidiano, más que nada porque no disponían de tiempo para hobbies, no era fácil conseguir una radio (ni mucho menos una gramola) y el acceso a las melodías se veía reducido a las jotas ejecutadas por los dulzaineros en las fiestas de las aldeas. Las canciones populares, las coplas y las jotas castellanas constituían el único acercamiento a la cultura sonora.

Mis padres ya pudieron disfrutar al menos de aparato radiofónico, asistir a guateques y el poder viajar, o escapar del pueblo a las grandes ciudades, les permitió tener un conocimiento más amplio de las tendencias de la época. Entre sus preferencias estaban los Beatles, Fórmula V, Los Brincos, Juan Pardo, Carlos Cano, Los Bravos, etc., por parte de mi padre, y José Luis Perales, Mari Trini, Dyango o María Dolores Pradera, por parte de mi madre.

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Mi época de mayor absorción musical fueron los 80 y 90, décadas en las que estaba al día de todo lo que pinchaban en las radio-fórmulas y a través de los diversos medios de comunicación. En televisión fui seguidor de Tocata, A Tope, La Edad de Oro, Número 1, Rockopop, etc., y a través de las ondas de RF mis oídos fueron ventosa de programas variados, desde Los 40 Principales, la Emisión Pirata o Flor de Pasión (a nivel nacional) hasta los 50 Éxitos de Radio Tajo (a nivel local).

Mi capacidad de tolerancia sonora era tan amplia que pude asimilar estilos, bandas e intérpretes tan dispares como: Led Zeppelin, Deep Purple, Eagles (rock de finales de los 70); The Clash, Exploited, Sex Pistols (aparición del punk inglés); Pegamoides, Nacha Pop, Burning (movida madrileña); Gabinete Caligari, Ilegales, La Guardia, Duncan Dhu, La Frontera, Los Ronaldos (época dorada del pop-rock en España); Ultravox, Azul y Negro, Joy Division (el llamado techno-pop); Barón Rojo, Leño, Iron Maiden, Helloween, Obús, Whitesnake, Judas Priest (desde finales de los 70 hasta bien entrados los 80, los grandes momentos para el rock duro y el heavy); Modestia Aparte, Héroes del Silencio, Los Rodríguez, (pop-rock “noventero” con bastante aceptación); Snap, Technotronic, Vanilla Ice, MC Hammer, 2 Unlimited, Ace of Base (aquella hornada de rap y música de discoteca conocida como eurodance, que arrasó a principios de los 90), Pearl Jam, Soundgarden, Nirvana (la llegada del grunge) o aquel punk-rock que también se denominó hardcore o alternativo, a mediados de los 90 y que tuvo en Green Day, Offspring, NoFX, Bad Religion o Rancid algunos de sus máximos exponentes. No me olvido de siniestros-góticos como The Cure, electrónicos como Depeche Mode, cantautores “culturetas” como Javier Krahe o new wave como Talking Heads. Dependiendo de la época, los estilos, tribus y denominaciones han ido cambiando o adaptándose a los tiempos que corrían. También las etiquetas referidas a un mismo artista, han variado según la década o el medio de comunicación que las imprimiese.

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   Todo este rollo tiene su motivo para explicar por qué la música de antes me parece mejor que la de ahora. Hace varios lustros había mayor diversidad, creatividad, talento e ideas. Los grupos procuraban no parecerse a nadie y ser originales, no como ahora que una misma fórmula se explota y copia hasta la saciedad. Me siento muy afortunado por haber asistido al nacimiento, desarrollo y expansión de tantos estilos y vertientes.

Hay quien no estará de acuerdo conmigo, incluso yo mismo no lo estoy y explicaré por qué. Ya voy llegando a una edad en la que la nostalgia nubla y distorsiona mi entendimiento y objetividad. Analizando los gustos familiares que comentaba al principio del artículo, para mis abuelos la música que oían mis padres, era demasiado moderna y “como una jota castellana” no había nada igual. A mis padres les pasó lo mismo con mis influencias, tildándolas de ruidosas e incitándome a escuchar los acordes más pausados y comerciales de los Sirex. Yo acabo de tener a mi primer hijo y si oyera el reggaetón actual, a los triunfitos o a individuos como Pitbull o Justin Bieber, no me quedaría más remedio que comportarme como mis progenitores y decirle que como la música que yo escuchaba antes… ninguna.

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   Cumplir años, ver cómo pasan las décadas y asistir a la evolución de la cultura, me hacen llegar a la conclusión de que la mejor música de la historia es la de nuestra juventud, con independencia del momento cronológico en el que nos encontremos. Durante los años de estudiante, en la adolescencia, descubriendo nuestros primeros miedos y amores, todas las vivencias se marcan a fuego en el alma. Por eso, las melodías que acompañan esas experiencias son las que más se enraízan en nuestro corazón y memoria, haciéndonos desprestigiar lo antiguo y lo venidero.

Aun así, cuando leo en blogs, foros de internet o veo en youtube a chavales jóvenes venerando los 80 y sintiendo vergüenza de la cultura musical actual, una sonrisa aparece en mis labios y me hace dudar de lo expuesto al final de este artículo.

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